Según la fuente, el fracaso más grande que puede cometer una persona es atender tráfico innecesario sin reconocerlo como tal. Buena parte de tu sobrecarga se arma así, de tres maneras en las que aceptás trabajo que no es tuyo, y cada una se siente como responsabilidad.

El error de quien se esfuerza

La fuente lo llama el fracaso más grande: atender igual lo que es tráfico desarrollado, o sea trabajo que no tendría que haber pasado, como una consulta que le llegó a la persona equivocada o un pedido que le tocaba a otro. Según ella, la bandeja de quien lo hace se desborda enseguida.

Y agrega una idea que alcanza a cualquiera que se sienta sobrecargado. La razón del tráfico pesado suele rastrearse hasta permitir que ese tráfico exista sin entenderlo y sin intentar corregirlo.

Fijate a quién describe: a alguien que se esfuerza. Ves algo que no te corresponde y lo resolvés porque es más rápido que explicarlo. Y con cada repetición el sistema aprende que eso funciona. Dos minutos acá y dos minutos allá no parecen una decisión, pero cada uno define a quién le van a escribir la próxima vez.

El cuadernillo lo resume así: “Tu sobrecarga es el resultado de lo que aceptaste”.

Supongamos un técnico que contesta cada pregunta de sus clientes porque son dos minutos. Después de un año es el soporte técnico de todos ellos. O una peluquera que aprueba cada pedido fuera de lo común solo por esta vez, y cada aprobación genera el pedido siguiente.

Ahora al revés. Ese mismo técnico responde cinco preguntas con el link a la página de preguntas frecuentes de su web, y en un mes las preguntas bajan a la mitad.

Cuando te traen un problema y lo resolvés vos

La fuente identifica un caso particular, y su razonamiento sorprende. Un problema que presenta un empleado y resuelve el jefe genera tráfico desarrollado, porque quien lo trajo por lo general no va a usar la solución que le dieron.

El argumento se refiere al resultado, y el tiempo queda en segundo plano. La solución que das en lugar de otra persona no se aplica, porque no la pensó esa persona. Pagás dos veces: por el tiempo que invertiste y por el problema que va a volver.

Supongamos un instalador que le resuelve a su oficial un problema con un proveedor. Un mes después el mismo problema vuelve, porque el oficial nunca aplicó una solución que no era suya. Más tarde el instalador prueba otra cosa: le pregunta qué haría él. La solución del oficial resulta menos buena que la suya, y se aplica.

Ese argumento reaparece en el capítulo sobre el trabajo de apoyo completo, donde la fuente lo presenta como una segunda razón, más fuerte que la primera.

El caballito favorito

La fuente suma un caso que cuesta más admitir. Un miembro del equipo puede montar su caballito de batalla favorito, es decir, ocuparse de dar órdenes y cumplir únicamente en el área que prefiere, mientras otras de más peso quedan abandonadas.

El daño no se queda en esa persona. Sus órdenes se cruzan muchas veces con otras, distraen de objetivos importantes y generan tráfico desarrollado, mientras las acciones vitales quedan sin atender.

El dueño de un negocio chico está más expuesto que nadie, porque nadie lo supervisa. El área que más le gusta recibe más horas de las que le corresponden, y él le llama trabajo a eso. Una forma de comprobarlo es mirar la agenda del mes pasado y preguntarte si las horas se repartieron como se reparte la importancia.

Supongamos una peluquera a la que le encanta inventar una técnica de color nueva y le cuesta terminarla: sus ideas son excelentes y sus entregas se atrasan. O una kinesióloga a la que le encantan los casos de rehabilitación complejos, que son el 15% de sus ingresos y el 40% de su tiempo. Cuando fija un día estable para las sesiones simples y rentables, su gusto sigue siendo el de siempre, y la agenda lo reconoce.

Qué mirar cuando la carga crece

En los tres casos la carga entra por una puerta que abriste vos. Una vez es algo que no era tuyo y atendiste porque era más rápido. Otra es el problema de alguien más, que resolviste en su lugar. La tercera es el área que disfrutás y a la que le das más de lo que le toca.

Ninguno parece un error mientras pasa. Desde afuera se ve como dedicación y desde adentro se siente como trabajo, y por eso cuesta tanto detectarlos a tiempo.

Según el cuadernillo, cuando la carga crece conviene fijarte qué aceptaste y qué hacés solo porque lo disfrutás. Lo que te molesta te dice mucho menos.

Qué tiene el cuadernillo sobre esto

El capítulo en el que se apoya este artículo trae dos ejercicios: qué acepté, y el caballito. También tiene una autoevaluación, y de ahí el cuadernillo pasa al capítulo sobre hacer las cosas ahora, cuyo argumento se apoya en la pereza.

Si sentís que todos te traen todo a vos, vale la pena fijarte primero cuánto de eso les enseñaste a traer.