Según la fuente, que uno de cada diez que tomaste no encaje es normal. Cuando el fracaso llega a la mitad o más, el problema suele estar adentro del negocio.
El número que da la fuente
Según la fuente, cuando ve que el 80 por ciento de los reclutados no servía, levanta una ceja, porque ése es un porcentaje equivocado. Y cuando ve que se despidió al 50 por ciento, levanta la otra.
¿Y cuál es el normal? La respuesta de la fuente: “Diez por ciento sí. Cincuenta a 80 por ciento no.”
O sea, si tomaste a diez personas y una no encajó, estás dentro del rango normal. Si tu sensación es que no encaja nadie, ese número está contando otra historia.
Supongamos un dueño que cambió cinco empleados en dos años y cada vez decía que hoy no hay gente. Cinco de cinco está muy lejos del diez por ciento.
O una dueña de estudio a la que una de ocho personas no le encajó. Está dentro del rango, y no es señal de nada.
Qué significa cuando el número es alto
También acá la fuente da la conclusión. Con cifras así, el filtro está puesto en el lugar equivocado, y alguien que ya está adentro bloquea a los demás y los saca del medio.
Es una observación incómoda, y vale frenar un momento en ella. Si el fracaso es alto y se repite, la señal apunta a algo interno del negocio: los sombreros (los deberes de cada puesto, por escrito), el entrenamiento o alguien en particular. El mercado laboral no lo explica.
Supongamos una oficina donde todos los nuevos se iban antes de cumplir dos meses. La empleada más antigua no les explicaba nada y después se quejaba de que no aprendían.
O un dueño que dejaba para los nuevos el trabajo que nadie quería, sin avisarles. Tres seguidos se fueron.
Esto se conecta con las dos razones con las que abre el cuadernillo. Cuando alguien no rinde, o no se reclutó a quien hacía falta, o no se lo entrenó en su puesto. Un porcentaje alto de fracaso es una señal para mirar también la segunda.
Por eso, cuando te decís que hoy no hay gente buena, sacás una conclusión que necesita prueba. Una tasa de fracaso de la mitad o más es una prueba en la dirección contraria.
No se buscan personas perfectas
La fuente describe una idea y la rechaza: que una organización necesita seres humanos perfectos o no funciona en absoluto. Su respuesta es corta: “Pero no hay seres humanos perfectos.”
Lo que se busca, según la fuente, es un porcentaje chico. Es decir, se filtra una minoría pequeña, y nadie está tratando de encontrar gente sin defectos.
Para un negocio chico esto libera, porque la tarea es más chica de lo que parece. Filtrás una minoría, y al resto le ponés el sombrero.
Supongamos un dueño que pasó un año entero buscando a la persona indicada. Mientras tanto, el trabajo lo hacía él.
Ahora supongamos que ese mismo dueño tomó a un candidato razonable y le redactó el sombrero. Tres meses después, ese candidato rendía más que el perfecto que nunca llegó.
La pregunta que mira hacia adelante
Según la fuente, no importa que alguien haya puesto mal un pie. Lo único que le interesa es si la próxima vez lo va a poner bien.
Es una sola pregunta, y es sobre el futuro. Averiguar quién tiene la culpa no forma parte de ella.
La fuente agrega una advertencia: la disciplina, el castigo y las amenazas pueden ir demasiado lejos, y alterar muchísimo a la persona en lugar de ponerla en vereda.
Supongamos una dueña que durante tres semanas siguió trayendo a colación el error de una empleada. Ella dejó de proponer nada.
Ahora supongamos que esa misma dueña preguntó qué hacemos para que no vuelva a pasar, y actualizó el sombrero. Fue el mismo error, y no se repitió.
O un dueño que resolvió sumar un renglón al procedimiento por cada error. Después de un año tenía un procedimiento sólido y un equipo que le avisa.
Fijate lo que pasa cuando hacés esa pregunta. La respuesta entra en el sombrero, y lo que era el error de una persona pasa a ser un renglón del procedimiento. Y cuando un error lleva a corregir el sombrero en lugar de a un castigo, el equipo empieza a avisar.
El cuadernillo trae para este capítulo dos ejercicios cortos, calcular y concluir.
El diez por ciento es el precio normal de trabajar con personas. Todo lo que pasa de ahí es un número que apunta hacia adentro del negocio.
El cuadernillo es conocimiento general sobre cómo dirigir personas, no asesoramiento legal.